Al
final -y como lo querían Bush y sus funcionarios- los 34 presidentes
asistentes a la Cumbre de las Américas firmaron la declaración
ratificando su compromiso de reanudar en "el plazo previsto", el 1 de enero de
2005, las conversaciones orientadas a poner en marcha el Area de Libre
Comercio de las Américas (ALCA).
El único que dio la nota
discordante fue el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien firmó con
"reservas" el
documento en lo que se refiere al párrafo que menciona al Area de Libre
Comercio de las Américas (ALCA) como "instrumento para el desarrollo e
integración".
La
"Declaración de Nuevo
León" -y más allá de las discrepancias formales que se plantearon en las
reuniones - presupone una victoria del grupo liderado por Estados Unidos
que impuso lo que venía a buscar: el compromiso de tratar la puesta en marcha
del ALCA en el 2005.
La declaración contiene un
párrafo en el que los jefes de Estado y de Gobierno apoyan el acuerdo al que
llegaron los ministros de Economía sobre la estructura y calendario adoptado
para la conclusión de las negociaciones del ALCA "en los plazos previstos", en
enero del año que viene, que era el objetivo de "máxima" de Bush y su
comitiva.
Hugo Chávez, aseguró que
firmó con reservas la Declaración en lo que se refiere al ALCA, tras considerar
que existen dificultades para que se concrete en 2005. "En torno a la propuesta
ALCA, hubiésemos preferido que no apareciese ningún alcance al respecto en
esta declaración. No compartimos la filosofía sobre el modelo propuesto y
creemos que el plazo establecido es sumamente breve, a la vuelta de la esquina",
subrayó.
La firma del párrafo supone
una claudicación del "progresismo" sudamericano que -con Lula y Kirchner a la
cabeza- habían cuestionado severamente al ALCA durante todas las reuniones,
aseverando que su mención no debería estar incluido en la agenda de la cumbre.
La oposición a la "agenda de Bush"
fue
encabezada principalmente por los dos
líderes más representativos del cono sur
latinoamericano,
Lula de Brasil, y Kirchner de Argentina,
quienes terminaron subscribiendo el acuerdo sin ninguna reserva y conforme a los
objetivos
norteamericanos.
En las reuniones preparatorias
varios países latinoamericanos, encabezados por Brasil y Argentina,
cuestionaron la inclusión del ALCA y de los temas de la seguridad y la
corrupción en la agenda, y manifestaron que sólo querían discutir sobre
cuestiones atinentes al hambre y la desocupación.
Finalmente el domingo pasado
habían amenazado con bloquear la propuesta introducida por Bush y sus aliados a
la vez que criticaban
la "creciente injerencia de Estados Unidos en la región".
Los diarios y agencias de
noticias internacionales describieron la situación planteada como un acto de
"rebeldía contra EEUU" por parte de la mayoría de los mandatarios
latinoamericanos presentes en la cumbre.
Antes de firmar lo que
quería el presidente norteamericano, Lula, uno de los "rebeldes", señaló
que "es cada vez mayor el abismo que separa a ricos y pobres en nuestro
continente y en el mundo", y precisó que el gran desafío del siglo es "el
combate al hambre, a la pobreza y a la exclusión social".
"En América Latina, el
número de personas en condiciones de extrema pobreza pasó de 48 para 57
millones; 26 por ciento de la población vive con menos de dos dólares por día;
hay 19 millones de desempleados y de cada 10 nuevos empleos generados, siete son
informales; la falta de empleo afecta de manera particularmente perversa a
mujeres, negros, indios y jóvenes", añadió.
En implícita alusión al
"neoliberalismo", dijo que estas son consecuencias "de una política económica
supuestamente sana y adecuada", cuando se trata realmente "de un modelo perverso
que separó equivocadamente lo económico de lo social, opuso estabilidad a
crecimiento y divorció responsabilidad y justicia".
Fiel a su estilo de hablar
con la izquierda y gobernar con la derecha, el presidente brasileño terminó
subscribiendo el tratamiento del "libre comercio" propuesto por Bush, que
no es otra cosa que la apropiación final del mercado latinoamericano por
parte de los bancos y empresas trasnacionales de EEUU. (Ver:
¿Una rebelión en serio contra EEUU?).
Por su parte el otro presidente
"rebelde", Néstor Kirchner de la Argentina, después de firmar el acuerdo,
dijo que el ALCA "no
puede ser un camino de una sola vía ni el resultado de imposiciones de fuerza".
Antes de presentarse sonriente
y bromeante con Bush frente a las cámaras, Kirchner había armado en su país una
pelea mediática con EEUU y el FMI, asegurando que le iba a ganar por "nocaut"
al presidente norteamericano.
El lunes se puso un paño
de agua fría tras reunirse con el jefe del FMI, Horst Koehler, y tuvo un
encuentro cordial, distendido, y matizado con chistes con el mandatario
estadounidense.
Junto a Condoleezza Rice
acompañaron a Bush durante la reunión el secretario de Estado Colin Powell, el
subsecretario del Tesoro para Asuntos Internacionales John Taylor, el
subsecretario para Asuntos Hemisféricos, Roger Noriega y el jefe de despacho de
la Casa Blanca, Andrew Card.
Del lado argentino estaban junto a Kirchner, su esposa
Cristina, el canciller Rafael Bielsa, el ministro de Economía Roberto Lavagna y
el secretario de Legal y Técnica Carlos Zanini.
Kirchner concluyó agradeciendo a todos los funcionarios
estadounidenses que acompañaban a Bush por haber dado su apoyo a la "lucha" de
Argentina contra la burocracia del Fondo, y a su vez le prometió al presidente
estadounidense que la Argentina va a cumplir con todas sus "obligaciones"
inherentes al pago de la deuda externa.
Bush felicitó a Kirchner por su lucha contra la
"corrupción", un tema al que Estados Unidos le está dando mucha importancia
junto al de la lucha contra el "terrorismo", que no es otra cosa
que la prolongación de su guerra contra el "eje del mal" en territorio
latinoamericano.
En su discurso de despedida
Kirchner puso el énfasis de su gestión de gobierno en la "lucha contra la
corrupción y el terrorismo" a los que calificó como temas centrales de su
administración.
Después de "rebelarse"
contra la hegemonía de EEUU en la región, y en el capítulo sobre
Gobernabilidad Democrática, los 34 mandatarios destacan la importancia de
tres compromisos: luchar contra la corrupción, el terrorismo y la pobreza.
"Reiteramos que entre las
principales causas de inestabilidad en la región está la pobreza, la
desigualdad y la exclusión social, que debemos enfrentar en forma integral y
urgente", señala la Declaración de Nuevo León.
Por supuesto que a todos
esos males sociales lo piensan combatir en alianza con Bush y con los
bancos y trasnacionales que están detrás de la aprobación final del ALCA.
El encargado de clausurar
esta cumbre fue el presidente anfitrión, Vicente Fox, quien hizo un llamamiento
a los países presentes a unir esfuerzos en favor de los pobres.
"La Declaración de Nuevo
León representa la expresión de un compromiso continental para seguir trabajando
de manera coordinada a favor de nuestros pueblos, cuyo futuro, depende de lo que
hagamos hoy responsablemente", sentenció.
Después de la firma de la
Declaración Final, los 34 presidentes de las Américas -excepto Cuba porque no
forma parte de la Organización de Estados Americanos (OEA)- abandonaron el
centro donde estuvieron reunidos durante dos días para hacerse la foto oficial y
ofrecer una rueda de prensa.
Después de sus incontables
apelaciones a la "lucha
contra la pobreza", y una vez concluidos sus trabajos, los mandatarios se
fueron a degustar una comida de gala ofrecida por Vicente Fox, el
anfitrión de la primera cita continental del año.
Lo que se dice un final feliz
y sin privaciones.