|
07En04 (IAR-Noticias)
Súbitamente
estalló la crisis entre el Gobierno argentino y la administración de Bush
quien lo citó a Washington para que explique cual es su posición frente a
Cuba y Estados Unidos.
La desmentida de Kirchner
sobre un pago adicional al FMI publicada por el diario Clarín (ver:
Porque Kirchner desmintió a Clarín) detonó una advertencia de
Roger Noriega,
subsecretario para el Hemisferio del Departamento de Estado, quien dijo que la
política de Kirchner hacia Cuba es motivo de "decepciones y preocupaciones".
Kirchner, mientras tanto, ayer
volvió a reiterar en dos oportunidades que su gobierno "no pagará deuda
externa sino deuda interna" en relación a las pretensiones del FMI de cobrar
un pago adicional habida cuenta del mayor crecimiento económico que está
experimentado la Argentina.
El "llamado de atención" de
Noriega exacerbó aún más el ánimo del presidente argentino quien -según el
diario oficialista Página 12- instruyó al canciller Rafael Bielsa para que le
conteste en duros términos.
Los tres principales diarios
de la Argentina titulan en tapa, y con distinto estilo, lo que ya se vislumbra
como una crisis de difícil pronóstico entre Washington y la Casa Rosada
de Buenos Aires.
"Bush
citó a Kirchner por Cuba y la deuda", titula secamente Clarín;
"Denuncia EE.UU. un "giro a la izquierda" de la Argentina", dice La Nación
apuntado a su público de derecha ; "Los EE.UU. piden actitud “seria y
responsable” para negociar la deuda", señala Infobae, habitual vocero de los
sectores anticastristas en la Argentina.
Kirchner se reunirá con el
presidente de los Estados Unidos, George Bush, en un aparte de la Cumbre de las
Américas en la mañana del martes próximo en Monterrey.
Formalmente la información
destaca que Bush quiere saber con exactitud la posición de Kirchner en
torno a la política exterior del Gobierno, e interesarse por la situación de los
acreedores privados de la Argentina y del acuerdo con el Fondo Monetario.
Para los observadores es un
"llamado a la dirección" del jefe político del imperio a su gerente
administrativo en la Argentina a fin de que "rinda cuentas" sobre todo lo
actuado y dicho estos últimos meses.
Hasta ahora Kirchner mantuvo
-según los representantes de la derecha económica argentina- un "saludable
equilibrio" entre sus "amenazas" al establishment económico y al FMI, y
su ejecución a rajatabla del programa acordado con el FMI que culminó con
un ajuste de 4.500 millones de pesos en el presupuesto 2004.
Si bien la derecha argentina
manifiesta conformidad explícita con la política económica del Gobierno,
en lo político e ideológico rechaza los lineamientos de su política exterior,
particularmente en lo referente a Cuba y Venezuela.
Esta situación es un reflejo
de lo que pasa en Washington donde los sectores "anticastristas", que tienen
como sus representantes más destacados a Otto Reich y al propio Subsecretario
Noriega, hacen lobby permanente en contra del gobierno de Kirchner a quien
consideran "procastrista" y "prochavista".
Como resumen puede decirse que
los bancos y trasnacionales agrupados en el Council Of Américas "toleran"
a Kirchner por la simple razón de que éste -más allá de su estudiada
"confrontación mediática" para el marketing electoral- en lo substancial ha
cumplido con el programa que el capitalismo norteamericano tiene previsto
para la Argentina.
Para los sectores políticos
del "anticastrismo", de gran influencia en el entorno íntimo de la Casa Blanca,
el gobierno de Kirchner es un peligroso "Caballo de Troya de la izquierda"
infiltrado en el cono sur latinoamericano, cuyos efectos podrían eclosionar en
conflictos sociales por los países vecinos como Bolivia, Uruguay, Perú y Brasil.
Esta ambivalencia y
contradicción entre los halcones políticos del Departamento de Estado y los
gerentes y directivos de bancos y transnacionales por ahora "conformes" con la
política económica de la administración argentina, es lo que finalmente estalló
ayer después de la negativa de Kirchner al pago adicional de la deuda.
Desde estas páginas habíamos
adelantado que el apoyo que Bush y la Casa Blanca brindaron al presidente
argentino durante las negociaciones con el FMI, entraría en crisis cuando
éste diera alguna "señal de desobediencia" al pago de la deuda o a alguno
de los puntos contenidos en la "agenda" de la política norteamericana en la
Argentina.
"La
reunión (con Bush) se producirá en un escenario crispado como no se
conocía en Washington desde hacía décadas", sostiene con dramatismo y cierta
dosis de venganza el diario Clarín.
Washington apoyó el acuerdo de la Argentina con el Fondo
-en setiembre pasado- privilegiando el iinterés de sus bancos y de sus empresas
por sobre los europeos y los acreedores privados de la deuda argentina.
Conseguido
sus objetivos con la firma del acuerdo la Casa Blanca y el
Departamento del Tesoro empezaron a acompañar el reclamo de los tenedores
de bonos privados por una quita menos drástica de la deuda.
Kirchner y
su gobierno parecen haber evaluado incorrectamente que el apoyo de la
administración del imperio era un "cheque en blanco" a su gestión por
tiempo indeterminado.
Sus tiras y aflojes con el
aumento de tarifas de los servicios públicos, sus posiciones inflexibles con la
"quita" a los acreedores privados, sus continuas bravuconadas "discursivas"
contra el establishment y el FMI, sus coqueteos con Cuba y con Venezuela,
terminaron por poner en cortocircuito su relación con la Casa Blanca.
Más allá de todas las
"formalidades protocolares", del apretón de manos para la foto, de la "agenda en
común de temas a tratar" Bush, presionado por su entorno de halcones, lo convocó
oficialmente a Kirchner para decirle: se acabó el juego, sigamos con el
programa pautado.
La mayoría de los observadores
coinciden en un punto: de ahora en más -y atendiendo a que la mayoría de
su exigencias han sido satisfechas- el poder de Washington será
menos "permisivo" con los juegos mediáticos de Kirchner.
El punto en cuestión es saber
hasta donde el presidente argentino puede sostener un estado de confrontación
"en serio" con Estados Unidos y su poder económico.
Aparte de su "popularidad
mediática" alimentada por encuestas compradas, Kirchner carece de un aparato
de movilización popular como lo tiene Chávez en Venezuela o el propio Lula en
Brasil.
El aparato del Partido
Justicialista está en manos de sus rivales internos que no levantarán un dedo
para apoyarlo en una pelea contra Washington y el establishment económico.
La izquierda política -aunque
coquetea en parte con su "progresismo"- no se va a jugar abiertamente por el
presidente que está aplicando el programa del FMI en la Argentina.
Los sectores "progresistas"
que lo apoyan, los "transversales", carecen de herramienta y de poder de
convocatoria para llamar a una movilización en defensa del Gobierno.
Los gremios (y los
gremialistas) viendo que su negocio "terminó" mirarían como siempre para el lado
de la embajada estadounidense y dejarían que Kirchner se las arregle solo.
¿Los piqueteros? Salvo D Elía
nadie "daría la vida" por Kirchner, ni siquiera los que hoy juegan como
piqueteros "oficialistas" a cambio de prebendas y subsidios.
¿Un Cacerolazo a favor? Los
sectores medios que hoy se "encandilan" con Kirchner son individualistas,
escépticos, y sólo actúan motivados por los medios de comunicación. Solamente
golpearán cacerolas por Kirchner si los medios los convocan.
¿Los medios de comunicación?
Estadísticamente los monopolios mediáticos cuando un presidente entra en
"desgracia" con Washington le retiran el saludo y pasan a la oposición.
Si la embajada norteamericana
lanza la "señal roja" sobre Kirchner lo más probable es que el discurso
mediático-masivo "prokirchnerista" del presente se convierta en su contrario.
Como buen producto
publicitario Kirchner está sujeto a las leyes de la oferta y la demanda: si no
lo compran los Estados Unidos perdió valor de venta en el mercado y hay que
sacarlo de circulación.
En una hipotética
"confrontación en serio" del presidente con Washington y Wall Street
habría que formularse una pregunta: ¿Kirchner, es kamikaze?
|