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(IAR-Noticias) 08En04 Por
Rodrigo Guevara
En
abril de 1982 el general Leopoldo Fortunato Galtieri, un militar represor
formado en la Escuela de las Américas, le decía a una multitud enfervorizada "¡los
vamos a correr de Malvinas!"
aludiendo
a la flota inglesa que se preparaba para
ocupar las Malvinas
recuperadas
por tropas argentinas.
Esa
multitud que lo vitoreaba en Plaza de Mayo estaba compuesta básicamente por
sectores de clase media
que habían acudido a la convocatoria de la dictadura militar con espiritu
"festivo",
portando banderas argentinas y con sus pequeños hijos cargados
sobre
sus hombros.
Una semana antes, en
esa misma Plaza, la policía había reprimido ferozmente a una concentración
convocada por la CGT causando muertos y heridos y deteniendo a centenares de
personas, pero nadie se acordaba.
La Argentina toda,
embebida de un "nacionalismo de escarapela", se embarcó en una especie de "orgía
victoriosa" que luego se tradujo en aquel famoso "vamos ganando" puesto
en tapa por una revista sensacionalista.
Los taxis circulaban
con banderas argentinas, los negocios cambiaban al español sus nombres en
inglés, de la misma manera que los bancos y empresas inglesas seguían
funcionando con normalidad, y la mayoría de los que fueron a la Plaza a
vitorear a Galtieri se conmovían y lloraban con la película inglesa "Carrozas
de Fuego".
Los sectores que
estaban en la Plaza aplaudiendo al dictador Galtieri, presidente de facto de una
dictadura que ya había matado o hecho desaparecer a 30.000 personas, eran
los mismos que habían apoyado la "plata dulce" de
Martínez de Hoz.
Después se
conmovieron con el libro "Nunca Más", votaron la "democracia" de
Alfonsín, vibraron de esperanza con el "libre mercado" de Menem, soñaron
con la "alianza" de De La Rúa, y ahora: Kirchner.
Con Galtieri: doble
mensaje, esquizofrenia, "vamos ganando" con dictadura militar,
sometimiento a EEUU, pobreza, desocupación y políticas de ajuste del FMI.
Con Kirchner: le
"ganaré por nocaut a Bush", sueldos congelados, mitad de la población
argentina pobre o desocupada, bancos y trasnacionales transfiriendo libremente
los recursos del país, y de nuevo el espíritu festivo del "vamos ganando"
se apodera de la conciencia siempre renovada de la Argentina de "clase media".
Hace veinte años
Galtieri dijo "los vamos a correr de Malvinas"; ayer Kirchner dijo
"terminemos de ser alfombra".
Cada uno en su estilo
y "armoniosamente". Galtieri y los militares venían de asesinar a 30.000
personas para preservar el negocio de los bancos y transnacionales protegidos
por la embajada norteamericana.
Kirchner viene de firmar y hacer votar en el
Parlamento todos los acuerdos necesarios para que los
bancos y trasnacionales sigan con sus negocios de costumbre, siempre
protegidos por la bandera de EEUU.
Galtieri y los
militares, por ambiciones políticas, armaron una parodia de "enfrentamiento
militar" con el Imperio que terminó en tragedia nacional.
Kirchner, por
ambiciones políticas, armó una parodia de "enfrentamiento mediático" con
el Imperio cuyas consecuencias aún no se pueden mensurar.
Ayer Kirchner
despertó lo que había despertado Galtieri:
el sentimiento nacionalista
"cholulo", la festividad farandulera de la Argentina
"ganadora", la ilusión de "enfrentar a la
superpotencia" como si fuera un partido de fútbol de la
selección nacional.
En los medios
masivos de comunicación, los conductores de radio y TV, las modelos, los
comentaristas de chismes de la farándula, y hasta los periodistas
deportivos "editorializaban" sobre el conflicto Bush-Kirchner y elogiaban la
actitud del presidente argentino que vino a recuperar la "dignidad nacional".
La similitudes con
Malvinas son pura coincidencia.
La
estrategia de Kirchner
Una semana antes de
que asumiera la presidencia, habíamos alertado que Kirchner y los suyos
venían con un "plan" debajo del brazo.
El actual mandatario
y su entorno se habían propuesto revertir la imagen de "presidente débil"
con que había asumido tornándola por su contrario: el Súper K que se
enfrenta a los "malos de la película".
¿Y quiénes eran los
malos de la película por entonces?
Las cúpulas militares
y policiales, la Corte Suprema adicta, los sindicalistas del PAMI,
y cualquier "corporación" vetusta que sirviese para generar la fama de
"presidente fuerte" enfrentado a los "poderes del establishment".
En esa lista de
"blancos" -y por obvias razones- no figuraba ningún banquero o representante de
empresa multinacional, tradicionales jefes y financistas de los militares y de
las corporaciones que gobiernan la Argentina.
El plan buscaba
instalar a Kirchner como un presidente "ejecutivo", que cumple lo
que dice y "no transa" con ningún poder que lo quiera condicionar.
Los medios, los
encuestadores y los periodistas -arreglados con prebendas y publicidad oficial-
se encargaron de hacer realidad la primera fase operativa del plan: a un mes de
gestión y de "show mediático" Néstor Kirchner, convertido en Súper K,
había superado el 80% de aceptación pública.
Pero las
corporaciones, los militares y los jueces corruptos de la Corte
no
le
sirvieron para ejecutar la "segunda fase" del plan consistente en un
llamamiento a una gran movilización nacional en apoyo del presidente
con la excusa de las "presiones y amenazas recibidas".
Nadie podría creer
que los militares -marginados y sin poder de fuego- los jueces de la Corte
o los sindicalistas corruptos del PAMI pusieran en riesgo la investidura
presidencial ni la vida de Kirchner.
Se necesitaba un
"malo" más grande y poderoso.
¿Y porqué no el
Imperio? ¿Acaso Bush no es el hombre más odiado del planeta?
Igual que Galtieri y
los suyos en su momento, Kirchner y su entorno empezaron a fantasear con una
"guerra contra el invasor", pero esta vez desde la trinchera mediática.
Cálculo y
razonamiento, igual que lo pensó Galtieri: siempre hay
tiempo para negociar con el poder.
El objetivo:
netamente político.
Galtieri quería ser un presidente "elegido por el pueblo", y creyó que su
objetivo se cumpliría cuando la multitud lo vitoreó en Plaza de Mayo.
Kirchner quiere ser un "presidente fuerte" y armar un gran aparato
político-electoral, que hoy no lo tiene, para controlar totalmente el poder.
A Galtieri lo
obnubilaron el wisky escocés y la plaza colmada de "nacionalistas"
de clase media, y a Kirchner lo marean las encuestas y su imagen
apareciendo a cada rato por todos los televisores.
Kirchner no es un
kamikaze, está jugando con fuego, pero sabe lo que hace.
El presidente y su
"mesa chica" se están jugando a generar un "malvinazo" nacional contra Bush y
el FMI.
Bush y el FMI son el
"blanco ideal": no los quiere nadie a lo largo y a lo ancho del planeta.
Por otra parte Bush
está en plena campaña electoral, tiene a la mitad del poder de EEUU en contra, y
su imagen en las encuestas cae con cada soldado que muere en Irak.
Lo de Kirchner y su
entorno viene cantado: sus respuestas "duras" a
las insípidas declaraciones del subsecretario
Noriega sobre la Argentina, más la "citación" de Bush, les sirvieron para ir
"testeando" el ambiente nacional e internacional.
Las declaraciones de
ayer, "no seremos más alfombra", "se acabaron las relaciones carnales",
lo "voy a poner nocaut", fueron frases estudiadas y no lanzadas por
casualidad.
Los militares llaman
a eso "tiro de reglaje": se va corrigiendo el blanco mediante disparos
aproximados.
La táctica consiste
en pegar y luego evaluar si hay reacción favorable para el objetivo propuesto.
Galtieri era un
general bruto que se movía más por instintos que por inteligencia,
Kirchner y los suyos han hecho un curso acelerado -y práctico- en técnicas de
control y manipulación de opinión pública que los habilita para una
operación de esta envergadura.
Por lo ocurrido ayer
en la Argentina, por las reacciones masivas entre oyentes y conductores de
radio, por el comentario general, el negocio del nuevo "malvinazo" puede
ser factible si se dan las condiciones políticas.
Esto es, que Bush y
los halcones "pisen el palito" dándole aire a un enfrentamiento con Kirchner
que lo sitúe a éste como el adversario principal de Bush en
Latinoamérica.
Si esto ocurriera la
imagen de Kirchner podría adquirir dimensión y estatura de "liderazgo
continental", superando incluso a la de Chávez, teniendo en cuenta la
importancia estratégica de la Argentina.
En cuanto a las
condiciones internas, los "globos de ensayo" de Kirchner demuestran que la clase
media "derechizada" y cholula puede perfectamente entrar en el "malvinazo"
contra Bush, creyendo que se trata del cacerolazo contra De La Rúa.
Si Galtieri renaciera
convertido en un "progresista" le diría a Kirchner que va por buen camino.
Pero tampoco hay que
hacerse ilusiones: lo más probable es que la CIA y sus expertos en "acción
psicológica" detecten la jugada de Kirchner antes de que la concrete.
Y apliquen el
procedimiento usual: desestabilización, cuentas negras, petróleo, Repsol, dinero
de Santa Cruz, privatizaciones, "consultoras", y adiós gobierno e imagen
"ganadora" de Kirchner.
Kirchner no es
Chávez, es mucho más fácil de voltear.
Todos sus puntos son
"vulnerables", mucho "ejercicio de la política", mucha "caja" durante su
gestión al frente de la gobernación de Santa Cruz,
lo convierten en un tiro al pichón para la inteligencia norteamericana.
De todas maneras, no
hay que jugarse con ningún pronóstico.
Latinoamérica (y la
Argentina dentro de ella) con doscientos millones de hambrientos anda en busca
de nuevos líderes. Aunque sean de papel.
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